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Alzheimer: síntomas, tratamientos y el impacto en la familia.

La demencia es una de las principales causas de discapacidad y dependencia entre las personas mayores. Es un síndrome generalmente de naturaleza crónica o progresiva caracterizado por el deterioro de la función cognitiva, es decir, la capacidad para procesar el pensamiento. Afecta a la memoria, el pensamiento, la orientación, la comprensión, el cálculo, la capacidad de aprendizaje, el lenguaje, el juicio y el sentido de la realidad.

La conciencia no se ve afectada. El deterioro de la función cognitiva suele ir acompañado, y en ocasiones es precedido, por el deterioro del control emocional, el comportamiento social o la motivación. En todo el mundo, más de 55 millones de personas viven con demencia y se prevé que esta cifra se triplique en 2050. En Argentina el Alzheimer es la quinta causa principal de muerte, afectando a más de 300.000 argentinos y afecta en un 66% a las personas de sexo femenino.

«Demencia» es un término general para varias enfermedades que generalmente son de naturaleza crónica y progresiva, que resultan en deterioros cognitivos e interfieren con la capacidad para realizar las actividades de la vida diaria, es causada por diversas enfermedades y lesiones que afectan al cerebro de forma primaria o secundaria. La  enfermedad de Alzheimer es la forma más común de demencia y puede contribuir al  60-70% de los casos. Otras formas frecuentes son la demencia vascular, la demencia por cuerpos de Lewy (agregados anormales de proteínas en el interior de las células  nerviosas) y un grupo de enfermedades que pueden contribuir a la demencia frontotemporal (degeneración del lóbulo frontal del cerebro). Los límites entre las  distintas formas de demencia son difusos y frecuentemente coexisten formas mixtas. La enfermedad de Alzheimer y la demencia vascular son los tipos más comunes, juntas son las responsables de hasta el 90% de los casos de demencia. Esta patología no respeta fronteras geográficas, clases sociales ni económicas. Cada tres segundos alguien en el mundo la desarrolla. 

Contrariamente a la creencia popular, la demencia no es una parte normal del  envejecimiento y no afecta exclusivamente a las personas mayores.

Factores de riesgo del Alzheimer 

Si bien todavía no entendemos todas las razones por las cuales algunas personas desarrollan la enfermedad de Alzheimer y otras no, las investigaciones nos han  permitido comprender mejor qué factores ponen a las personas en mayor riesgo.

Edad. La edad avanzada es el mayor factor de riesgo para el desarrollo de la enfermedad de Alzheimer. La mayoría de las personas diagnosticadas con esta enfermedad tienen 65 años o más. Si bien es mucho menos común, el Alzheimer de inicio precoz (también conocido como Alzheimer de inicio  temprano) afecta a personas menores a 65 años. Se estima que hasta el 5% de las personas con Alzheimer tienen la enfermedad de inicio precoz. El Alzheimer de inicio precoz a menudo se diagnostica mal.

Familiares con Alzheimer. Si uno de los padres o un hermano desarrolla esta enfermedad, la persona tiene más probabilidades de desarrollarla que alguien que no tiene un familiar de primer grado con Alzheimer. Los científicos no comprenden completamente qué es lo que hace que el Alzheimer prevalezca en algunas familias, pero es posible que la genética, los factores ambientales y el estilo de vida tengan un papel. 

Genética. Los investigadores identificaron diversas variantes en los genes que  incrementan la probabilidad de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. El gen APOE-e4 es el gen de riesgo más común asociado con el Alzheimer, se estima que tiene un papel en hasta un cuarto de los casos. La única causa conocida del Alzheimer es la herencia de un gen determinista. El Alzheimer causado por este gen es raro y probablemente ocurra en menos del 1% de los casos. Cuando un gen determinista provoca Alzheimer se denomina “enfermedad de Alzheimer autosómica dominante”. 

Afectación Cognitiva Leve (MCI, por su sigla en inglés). Los síntomas de MCI  incluyen cambios en la capacidad de razonar, pero no  interfieren con la vida cotidiana y no son tan severos como los provocados por el Alzheimer u otras demencias progresivas. Tener MCI, en particular la que incluye problemas de memoria, incrementa el riesgo de desarrollar  Alzheimer y otras demencias. Sin embargo, la MCI no siempre progresa. En algunos casos, se revierte o se mantiene estable. 

Enfermedad cardiovascular. Las investigaciones sugieren que la salud cerebral está estrechamente relacionada con la salud del corazón y los vasos sanguíneos. El cerebro obtiene de la sangre el oxígeno y los nutrientes necesarios para funcionar normalmente, y el corazón es responsable de bombear sangre al cerebro. Por lo tanto, es posible que los factores que provocan la enfermedad cardiovascular también estén vinculados con un mayor riesgo de desarrollar Alzheimer y otras demencias. Entre estos factores se encuentran el tabaquismo, la obesidad, la diabetes, y un alto nivel de colesterol y alta presión sanguínea en la mediana edad. 

La educación y el Alzheimer. Los estudios han vinculado menos años de educación formal con un mayor riesgo de Alzheimer y otras demencias. No existe una razón clara para esta asociación, pero algunos científicos creen que más años de educación formal pueden ayudar a incrementar las conexiones entre neuronas, lo que permite que el cerebro use rutas alternativas de comunicación neurona a neurona cuando se producen cambios relacionados con el Alzheimer y otras demencias. 

Lesión cerebral traumática. El riesgo de desarrollar la enfermedad de  Alzheimer y otras demencias se incrementa después de una lesión cerebral  moderada o grave, como un golpe en la cabeza, una lesión del cráneo o  pérdida del conocimiento durante más de 30 minutos. El 50% de las lesiones cerebrales traumáticas son provocadas por accidentes con vehículos motorizados. Las personas que sufren reiteradas lesiones cerebrales, como deportistas y personas en combate, también tienen mayor riesgo de desarrollar demencia y trastornos de las destrezas de razonamiento. 

Síntomas 

El Alzheimer provoca problemas de memoria, razonamiento y conducta. En la etapa temprana, los síntomas de demencia pueden ser mínimos, pero a medida que la  enfermedad provoca más daños al cerebro, los síntomas empeoran. El ritmo en el que progresa la enfermedad es diferente en cada persona, pero en promedio, las personas  con Alzheimer viven 8 años después de que comienzan los síntomas. 

La demencia afecta a cada persona de manera diferente, dependiendo del impacto de  la enfermedad y de la personalidad del sujeto antes de empezar a padecerla. Los signos y síntomas relacionados con la demencia se pueden entender en tres etapas. 

Etapa temprana: a menudo pasa desapercibida, ya que el inicio es paulatino. Los síntomas más comunes incluyen: 

1) Tendencia al olvido. 

2) Pérdida de la noción del tiempo. 

3) Desubicación espacial, incluso en lugares conocidos. 

Etapa intermedia: a medida que la demencia evoluciona hacia la etapa intermedia, los signos y síntomas se vuelven más evidentes y más limitadores. En esta etapa las personas afectada:  

1) Empiezan a olvidar acontecimientos recientes, así como los nombres de las personas. Esto suele ser el primer síntoma de la enfermedad.

2) Problemas para completar tareas que antes eran fáciles, dificultad para resolver  problemas, cambios en el estado de ánimo o en la personalidad, tendencia alejarse de  amigos y familiares. 

3) Se encuentran desubicadas en su propio hogar. 

4) Tienen cada vez más dificultades para comunicarse, ya sea en forma escrita u oral.

5) Empiezan a necesitar ayuda con el aseo y cuidado personal. 

6) Sufren cambios de comportamiento, por ejemplo, dan vueltas por la casa, repiten las mismas preguntas, o se confunden sobre lugares, personas y eventos. 

Etapa tardía: en la última etapa de la enfermedad, la dependencia y la inactividad son casi totales. Las alteraciones de la memoria son graves y los síntomas físicos se hacen más evidentes. Estos incluyen: 

1) Una creciente desubicación en el tiempo y en el espacio. 

2) Dificultades para reconocer a familiares y amigos. 

3) Una necesidad cada vez mayor de ayuda para el cuidado personal.

4) Dificultades para caminar. 

5) Alteraciones del comportamiento que pueden exacerbarse y desembocar en agresiones. 

Prevención 

La enfermedad de Alzheimer es una enfermedad que no se puede prevenir. Sin  embargo, se puede modificar un número de factores de riesgo en nuestro estilo de vida para la enfermedad de Alzheimer.

Los estudios demuestran que se puede reducir el riesgo de padecer demencia haciendo ejercicio con regularidad, participar en eventos sociales, leer, bailar, jugar juegos de mesa, crear arte, tocar instrumentos musicales y otras actividades que requieren un compromiso mental y social, no fumar,  evitar el uso de alcohol, controlar el peso, la presión arterial, la glucemia y valores de colesterol dentro de los valores normales más una alimentación saludable reducen el riesgo de padecer la enfermedad de Alzheimer. Otros factores de riesgo potencialmente modificables son la depresión, el bajo nivel educativo, el aislamiento social y la inactividad cognitiva. 

Diagnóstico del Alzheimer 

No existe una prueba sencilla que nos pueda decir si alguien tiene Alzheimer. El diagnóstico requiere de una evaluación médica integral, que puede incluir: 

⮚ El historial médico de su familia. 

⮚ Un examen neurológico. 

⮚ Pruebas cognitivas para evaluar la memoria y el razonamiento.

⮚ Análisis de sangre (para descartar posibles causas de los síntomas).

⮚ Estudios de imágenes cerebrales. 

Si bien generalmente los médicos pueden determinar si alguien tiene demencia, puede ser más difícil distinguir el tipo de demencia. Los errores de diagnóstico son más comunes en el Alzheimer de inicio precoz.

Es importante recibir un diagnóstico correcto en las primeras etapas del proceso de la enfermedad porque esto permite: 

⮚ Una mayor probabilidad de beneficiarse con los tratamientos disponibles que pueden mejorar la calidad de vida. 

⮚ La oportunidad de recibir servicios de apoyo. 

⮚ La oportunidad de participar en ensayos y estudios clínicos. 

⮚ La oportunidad de expresar deseos relacionados con la atención futura y los arreglos en cuanto al alojamiento. 

⮚ Tiempo para implementar planes financieros y legales. 

Tratamiento y apoyo para el Alzheimer 

Si bien actualmente no existen tratamientos disponibles para desacelerar o detener el daño cerebral provocado por la enfermedad de Alzheimer, existen diferentes medicamentos que pueden ayudar temporalmente a mejorar los síntomas de demencia en algunas personas. Estos medicamentos funcionan incrementando los neurotransmisores en el cerebro. 

Los investigadores siguen buscando maneras de tratar mejor el Alzheimer y otras demencias progresivas. En la actualidad, hay docenas de terapias y tratamientos farmacológicos en curso que se enfocan en detener la muerte de células cerebrales asociada con el Alzheimer. 

Además, la implementación de sistemas de apoyo y el uso de intervenciones conductuales no farmacológicas pueden mejorar la calidad de vida de las personas con demencia, sus proveedores de cuidados y familiares. Esto incluye: 

⮚ El tratamiento de afecciones médicas coexistentes.

⮚ La coordinación de cuidados entre profesionales de atención médica.

⮚ La participación en actividades, lo que puede mejorar el estado de ánimo.

⮚ Intervenciones conductuales (para ayudar con cambios comunes, como  agresión, problemas de sueño y agitación).

⮚ Educación sobre la enfermedad.

⮚ Creación de un equipo de cuidados para brindar apoyo.

Impacto en las familias

El hecho de recibir un diagnóstico de Alzheimer le cambia la vida a la persona con la enfermedad, así como también a su familia y amigos. Pero existen información de alta calidad y apoyo de sociedades científicas. A menudo surgen presiones físicas, emocionales y económicas, que pueden causar mucho estrés a las familias y  cuidadores, que necesitan recibir apoyo por parte de los servicios sanitarios estatales,  sociales, financieros y jurídicos pertinentes. 

Cuidar a alguien con la enfermedad de Alzheimer u otras demencias puede ser  gratificante y desafiante al mismo tiempo. En las etapas tempranas de la demencia, es  posible que la persona siga siendo independiente y necesite muy pocos cuidados. Sin  embargo, a medida que la enfermedad progresa, las necesidades de cuidados se  intensificarán y eventualmente llevarán a la necesidad de asistencia durante todo el  día. La mayoría de los cuidadores de personas con demencia son familiares y se les  debe brindar todo el apoyo. 

La OMS reconoció a la demencia como una prioridad de salud pública, y en mayo del 2017 la Asamblea Mundial de la Salud respaldó el Plan de acción mundial sobre la respuesta de salud pública a la demencia 2017-2025. Este plan es un marco integral en las siguientes esferas: la evaluación de la demencia como prioridad para la salud pública, la concientización y la puesta en marcha de iniciativas para satisfacer las necesidades de las personas afectadas, la reducción de riesgos, el diagnóstico, el tratamiento y la atención, los sistemas de información, el apoyo a los cuidadores, la investigación y la innovación. 

Fuentes:

http://www.oas.org/es/cidh/prensa/comunicados/2020/088.asp

https://www.paho.org/arg/index.php?option=com_content&view=article&id=10430:coronavirus&Itemid=226

https://www.paho.org/es/postales-redes-sociales-covid-19-personas-mayores

https://www.alma-alzheimer.org.ar/es/

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La importancia de hablar sobre el suicidio

En el Día Internacional de la Prevensión del Suicidio, la Doctora Alicia Frites, médica psiquiatra, nos comparte una nota sobre la importancia que concientizar sobre el tema.
Hablar de suicidio puede ser difícil, a veces un tema tabú. Sin embargo, hay que tener en cuenta que sólo se le teme a lo desconocido, y lo más importante: el suicidio es prevenible.

¿Qué es y a qué responde?

Es el acto por el cual una persona se provoca la muerte de forma intencional. Por lo general, sucede como consecuencia de un sufrimiento psíquico y desesperación atribuibles a:

Circunstancias vitales, como dificultades financieras, problemas en las relaciones interpersonales, soledad o acoso psicológico.

Enfermedades psiquiátricas: depresión severa, trastorno bipolar, esquizofrenia, etc.

Abuso de sustancias: alcohol, drogas.

El factor de riesgo individual más importante es el antecedente de intentos previos, por lo que no se debe minimizar o restarle importancia a las amenazas o gestos suicidas anteriores.

El suicidio es la novena causa de muerte a nivel mundial y la segunda entre los jóvenes. El riesgo aumenta con la edad, siendo los dos grupos etarios más vulnerables, niños y adolescentes (entre 10 y 20 años) y ancianos. El varón consuma el suicidio 3 a 4 veces más que la mujer, y la mujer intenta 3 a 4 veces más que el varón.

Existen los llamados factores protectores:

1. Religión: estadísticamente se ven tasas de suicidios más altas en el ateísmo, el factor protector estaría relacionado con el sentido de la vida o la creencia de una vida después de la muerte.

2. Familia: las tasas más altas se ven en los viudos, personas sin hijos, solas.

3. Grupos sociales: amigos, grupos de jóvenes, centros de jubilados.

Existen mitos acerca del suicidio, sobre todo “hablar de suicidio, da la idea de hacerlo”. Esto no es así ya que las emociones van y vienen, no son permanentes y pedir ayuda alivia el sufrimiento mental, la angustia, la ansiedad.

Es fundamental preguntar, escuchar, acompañar y pedir ayuda. Volvemos a repetir, y para cerrar, el suicidio es prevenible.

Dra. Frites Alicia.

M.P N° 8603.

Médica Psiquiatra.

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Semana de la lactancia: los beneficios de la leche materna.

En la Semana de la Lactancia 2022 el Dr. Alberto Trubiano, Médico de Familia, nos comenta sobre la importancia y los beneficios de la leche materna, tanto para el lactante como para la madre. 

Desde el nacimiento hasta los dos años de vida, el bebé crece y se desarrolla rápidamente, su vulnerabilidad es máxima y los daños en esta  etapa pueden quedar para el resto de su vida. Podemos considerar esta primera etapa como una “ventana” de oportunidad única y fundamental para su crecimiento físico, neurológico,  inmunológico, etc.

Dentro de este contexto, podemos referirnos a la alimentación como un factor  ambiental que juega un rol clave en el desarrollo del niño. Si la misma es correcta, colaboramos con un desarrollo pleno de sus capacidades, de otra manera si presenta deficiencias de alimentación puede haber un impacto más fuerte de lo que creemos.

¿Cuál es el mejor alimento para los bebés en esta primera etapa?

Las investigaciones han demostrado que la leche materna es el alimento por excelencia para el niño. La misma contiene componentes biológicamente activos beneficiosos tanto para el hijo como para la madre. También cubren un espectro amplio de necesidades, como el fortalecimiento de la microbiota intestinal, la maduración del sistema inmune o algo tan abstracto como el fortalecimiento del vínculo madre-hijo (la succión del bebé en el pezón induce la liberación de oxitocina, hormona implicada en la generación de vínculos).

La OMS/UNICEF ha publicado recomendaciones para las maternidades con el fin de  mejorar las posibilidades de una lactancia materna con éxito. Así, la lactancia materna ha de ser:

  •  Precoz: lo ideal es que ocurra inmediatamente después del parto, mientras más temprano mejor.
  •  Exclusiva: sin suplementos o agua, ya que estos ya están presentes en la misma leche  materna.
  •  A libre demanda: con duración y horarios de toma flexibles según las necesidades  del niño.

Por otro lado, se recomienda dar el pecho dos años o más, y los primeros seis meses de forma exclusiva.  La leche de fórmula no llega a cumplir los mismos beneficios que la leche materna. Esta es un fluido cambiante que presenta distintas composiciones según la edad del niño, el agua está siempre presente y es más que suficiente para la hidratación del niño.

La primera leche, el calostro, tiene cualidades muy especiales y distintas a la leche madura que presenta una mayor concentración de lípidos. Además, es un líquido que protege al lactante contra infecciones debido a la presencia de inmunoglobulinas A -anticuerpos que le otorgan inmunidad pasiva al niño-, factores antibacterianos, antivíricos, etc, cumpliendo un rol potenciador de la inmunidad del niño.

La leche materna contiene todas las vitaminas necesarias, hierro, lactosa, fucosa -factor estimulante  de la microbiota intestinal que mejora la digestión-, hormonas, factores moduladores del crecimiento, etc.

Agregando más información, los beneficios no son solo del lactante, sino también de  la madre. Se ha demostrado que dar el pecho favorece la recuperación de la madre 

postparto con la pérdida del peso ganado durante el embarazo y la aceleración de la mejora del útero. A largo plazo disminuye el riesgo de cáncer de mama y ovario, entre otros.

La lactancia es un derecho y debe ser respetada como tal,  debido al gran impacto que causa en las vidas de los lactantes. Ninguna actividad demandante de tiempo puede anteponerse a esta necesidad biológica humana. Para finalizar, me gustaría citar esta frase de la OMS que dice “dar el pecho es una parte íntegra  del proceso de la reproducción, la manera idónea de alimentar al recién nacido y una base  biológica y emocional única para el desarrollo del niño y la niña”. 

Dr. Alberto Trubiano, Médico de Familia.

ECI Emergencias Médicas.

FUENTES

“Situación nutricional en los primeros 1000 días del ciclo vital: una puesta al día de los datos  disponibles en Argentina” 

http://www.revistasan.org.ar/pdf_files/trabajos/vol_23/num_2/RSAN_23_2_117.pdf

“Lactancia materna y desarrollo psicomotor” 

http://scielo.sld.cu/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0864-21252000000400018

“Ventajas de la lactancia materna” 

https://www.researchgate.net/publication/7654970_Benefits_of_Breastfeeding