Estamos hechos para enamorarnos

Estamos hechos para enamorarnos

Hasta la ciencia considera que enamorarnos es una locura transitoria. ¿Por qué nos enamoramos según la ciencia? ¿Por qué nos atraen unas personas y no otras? ¿Existe un tratamiento para los corazones rotos?

Desde hace 30 años, la neurobióloga y antropóloga Helen Fisher se dedica a estudiar el amor. A través de estudios carísimos de alta complejidad, encuestas masivas y análisis social, intenta develar este gran misterio. El ser humano compone obras artísticos y muere y mata por amor, ¿por qué? O, ¿para qué?

 

¿Por qué nos emparejamos?

El 97 % de los mamíferos no se emparejan, pero las personas sí. Por esto Fisher piensa que existe algo en nuestra biología e historia que nos empuja a enamorarnos y a formar un vínculo de pareja. Sin embargo, a nivel personal, cree que el amor es diferente para cada persona. Como científica, propone que son tres circuitos cerebrales diferentes los que intervienen: el deseo sexual, el amor romántico y el apego. El amor, dice, puede comenzar con cualquiera de ellos.

Sin embargo, los circuitos cerebrales del apego demoran mucho más en asentarse. Podemos enamorarnos perdidamente sin sentir apego profundo. El apego lleva tiempo: hay que conocer a la persona, saber mucho de ella. El amor romántico permite concentrar el deseo en una persona, mientras que el apego nos permite quedarnos con esa persona por un largo tiempo.

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El amor romántico

Fisher sostiene que estamos hechos para enamorarnos. A nivel cerebral, es muy primitivo. La fábrica que genera dopamina, la hormona del amor, está pegada a las que provocan la sed y el hambre. Es decir, lo que nos mantiene con vida. El amor romántico impulsa a formar una relación y colocar tu ADN en el mañana. Por eso es considerado un mecanismo de supervivencia.

Al igual que el miedo se activa de repente, el amor romántico se puede activar al instante. Si bien a medida que crecemos vamos configurando un mapa inconsciente del amor (una lista inconsciente y consciente de lo que buscamos en una pareja), la verdad es que el amor puede ser ciego porque, justamente, puede desactivar el miedo y la alerta; una especie de locura transitoria. Por eso Fisher insiste en que si nos estamos enamorando locamente de alguien, se debería esperar para conocerlo bien. La actividad volverá a las áreas de toma de decisiones del cerebro y podremos empezar a verlo todo más claro.

Las tres características principales del amor romántico

  1. Obsesión: se tiene a esa persona todo el día en la mente.
  2. Conexión emocional: además del deseo sexual, se espera que esa persona nos llame, nos proponga salir, que nos diga que nos quiere.
  3. Motivación: se está muy motivado por conquistarle.

¿Por qué esa persona y no otra?

A pesar de que Fisher sostiene que intervienen los niveles hormonales de dopamina, serotonina, testosterona y estrógenos de cada persona, lo cierto es que también influyen factores culturales. Por eso solemos enamorarnos de alguien de nuestro mismo entorno sociocultural. De todos modos, podemos estar con personas de nuestro entorno y de buen aspecto, y no enamorarnos de todas ellas.

¿Podemos enamorarnos de más de una persona?

Según Fisher, no. Por eso define al poliamor como una vida difícil: “Suena a gloria, pero llevan una vida complicada. La inmensa mayoría no son poliamorosos toda su vida. El cerebro no está construido para ello”. La gente poliamorosa, asegura, no está enamorada de más de una persona. Estar enamorada de más de una es no estar enamorada de ninguna, dice.

Tratamiento para el dolor

Aunque hayan sido cuatro meses, cuatro años o cuatro décadas, la ruptura significa pérdida, de tiempo y energía. Y, ¿qué hacemos con los corazones rotos? Fisher es tajante: hay que tratarlos como una adicción. Está demostrado que el amor activa la misma región cerebral que todas las adicciones: el núcleo accumbens. Por eso el amor romántico es una adicción: “maravillosa y positiva cuando la cosa va bien, y una adicción absolutamente horrible y negativa cuando la cosa va mal”.

Por eso, su tratamiento es estricto:

  1. Hay que tirarlo todo, no llamar más a esa persona, dejar de buscarla, dejar de fortalecer el fantasma.
  2. Hacer mucho ejercicio, porque además de ser un analgésico, activa el sistema de la dopamina, que a su vez nos da energía, claridad y motivación.
  3. Salir con amigos.
  4. Hacer cosas nuevas.
  5. Abrazar, dar y recibir masajes. Esto activa la oxitocina.

Afortunadamente, el cerebro siempre se quiere recuperar: “Estamos construidos para amar. Estamos construidos para superarlo y volver a amar”.

El futuro del amor

A pesar de que reconoce que la forma de vincularnos está cambiando, su causa, está segura, no es la tecnología, sino la incorporación de las mujeres al mercado laboral, entre otros factores, como la prioridad de desarrollo personal.

Antes, el matrimonio solía ser el principio de una relación. Ahora es el final. La gente se preocupa por conocer de verdad a su acompañante de vida. En un estudio, Fisher pudo corroborar que el 81 % de las personas casadas encuestadas aseguraban que se volverían a casar con la misma persona. Así también lo verificó en los anuarios demográficos de las Naciones Unidas: “resulta que cuanto más tarde te cases, más probable es que sigas casado”.

Los servicios de citas, dice, ni siquiera son tal cosa: son solo de presentación. “El único algoritmo de verdad es el que tiene el cerebro, eso no va a cambiar.”

Camila BalterEstamos hechos para enamorarnos