Dietas: no sólo comemos por hambre

 

 

Dietas: No solo comemos por hambre

Cada vez es más frecuente escuchar a personas que están a dieta. Una alimentación saludable también implica una sana relación con la comida. Comer es una actividad natural del ser humano y trae como resultado bienestar físico, mental y emocional. La premisa sería, entonces, comer para nutrirnos y poder identificar claramente las sensaciones de hambre y saciedad.

Una relación sana con la comida involucra no solo elegir alimentos sanos y placenteros para el cuerpo sino también poder elegir otros no tan sanos sin sentir culpa ni vergüenza.

Actualmente, se ha naturalizado tener que vivir con una relación conflictiva con la comida. Se ha normalizado estar insatisfechos con nuestro cuerpo. Por lo tanto, para mejorar nuestra alimentación, es necesario, primero, reparar el vínculo con nosotros mismos.

 ECI Emergencias Médicas Mendoza te presenta algunas sugerencias que pueden serles útiles si buscan cuidarse con la comida.

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  1. Disfrutar el momento de la comida: comer despacio y, si es posible, en compañía. Todos sabemos que no es lo mismo comer en una mesa y en compañía de amigos o familiares, que, apurado en el trabajo, frente a la computadora o sentado en el sillón frente al televisor. No nos alimentamos “solo de comida”.
  2. Ser crítico con la información y los mensajes publicitarios que recibimos sobre alimentación. La publicidad induce a creer que los productos que promueve son de mejor calidad, que nos hacen más felices, atractivos, fuertes o sanos, o que son necesarios para hacer deportes o actividad física.
  3. Realizar actividad física por semana y reducir el tiempo que permanecemos sentados. El movimiento y la práctica regular de la actividad física aportan beneficios fisiológicos, psicológicos y sociales que contribuyen a prolongar y a mejorar la calidad de nuestras vidas.
  4. Cocinar nuestros propios platos. No solo entretiene y nos vincula con nosotros mismos y los demás, sino que nos permite elegir los ingredientes y las formas de cocción.
  5. Evitar el consumo de productos ultraprocesados en el día a día, con excesiva cantidad de grasas, azúcar y sal. La idea es basar nuestra alimentación en alimentos naturales, como lo hacían nuestros padres y abuelos: aquellos que se obtienen directamente de las plantas o de los animales, como frutas, verduras, legumbres, carnes, huevos, leche, arroz, trigo, entre otros.
  6. Desayunar todos los días y no saltearse comidas. Tras el ayuno que realizamos durante la noche, el desayuno nos proporciona la energía y los nutrientes para hacer frente al día y además, nos ayuda a mantener un peso apropiado y a mejorar el rendimiento físico y mental. No desayunar produce decaimiento, falta de concentración y mal humor.
  7. Preferir el agua a otras bebidas. Limitar las gaseosas, los jugos artificiales y las aguas saborizadas.
  8. Incorporar verduras y frutas en todas las comidas.
  9. Usar aceite en vez de grasas. Evitar comprar productos con excesiva cantidad de grasas y especialmente los que contengan grasas trans.
  10. Incluir pescado al menos una vez a la semana y disminuir el consumo de fiambres y embutidos.
  11. Disminuir la sal y el azúcar para cocinar: pequeñas cantidades son suficientes para realzar el sabor.

 

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