Curiosidades sobre la higiene, la aliada de la salud moderna

Curiosidades sobre la higiene, la aliada de la salud moderna

 

Aunque no lo creamos, la higiene, un factor que ha cobrado aún mayor relevancia en estos tiempos, es un fenómeno de cuidado y autocuidado bastante nuevo. Los productos y hábitos de higiene son más bien jóvenes. A continuación, ECI Emergencias Médicas presenta algunas curiosidades sobre esta medicina que se descubrió hace apenas pocos años.

Lávate las manos a menudo, los pies de vez en cuando y la cabeza, jamás

Este proverbio inglés demuestra que hasta hace poco el champú no era un bien de consumo de masivo. Hasta la Edad Media, el cabello permaneció oculto. Recién entrado el siglo XIV se comenzó a lucir. En Europa, las mujeres se aclaraban el pelo con un jabón especial francés, para lograr un tono entre rubio y blanco.

Esta tendencia de blanquear el pelo tuvo su auge a finales del siglo XVII, en Francia, donde se comenzó a empolvar el cabello. También usaban limón y vinagre, entre otras sustancias, y a menudo lo único que lograban era quemar el pelo. El champú, tal como lo conocemos hoy, fue inventado en 1877, por un inglés, pero fue en París donde se puso primero de moda.
La palabra procede de la India: en hindi, shampo, quiere decir apretar y restregar.
En América, se fabricaba sobre todo en Chile, por estar elaborado con la corteza de un árbol de aquel país, el Quillay.

Sobre el dentífrico

Más o menos en la misma época, nació la pasta dental moderna, de la mano de un médico. La idea de venderla en tubos, se dice, la tomó de los tubos de pintura de su hijo.
Sin embargo, tanto los egipcios como los romanos y los chinos usaban distintos productos para limpiar los dientes; desde ceniza hasta huesos y caracolas trituradas.

El jabón, el gran salvavidas

La fórmula definitiva del jabón se estableció unos años antes, hacia 1830, ayudando a disminuir notablemente la mortalidad infantil en Europa.

La primera receta conocida para elaborarlo data del año 3000 a.C., y es sumeria: “Mezclad una parte de aceite de oliva con cinco de potasa, con lo que obtendréis una pasta que librará vuestro cuerpo de su suciedad más que el agua del río”.

Los primeros jabones se hicieron de la combustión de la madera de arce, cuyas cenizas se mezclaban con aceite de oliva y sosa, grasa animal y cal viva. Fueron los fenicios, los grandes comerciantes del mundo antiguo, quienes trajeron el jabón a Europa, probablemente a Cádiz y Marsella, unos dos mil años después. Así, dejaron los métodos de elaboración a los celtas y a los galos, quienes aprendieron a fabricar jabón mucho antes que los romanos. De hecho, la palabra jabón no es latina, sino de origen germánico: sapon. Galeno, el más importante de los médicos romanos, aseguraba que el jabón era una manera natural de eliminar la suciedad del cuerpo, la principal fuente de enfermedades.

En el siglo VIII, el jabón ya se conocía en todo el sur de Europa. Se fabricaba en Toledo, Génova y Marsella. Pero era un producto caro, porque las materias primas eran de difícil extracción y su elaboración solo podía ser artesanal. Pero todo cambió en 1791, cuando se descubrió la posibilidad de obtener sosa cáustica tratando la sal marina con ácido sulfúrico, materias primas abundantes y baratas. Así, el precio del jabón cayó en picada y se convirtió en un bien universal.

 

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