Botulismo del lactante: cómo afecta a los bebés y niños

BOTULISMO

Enfermedad descripta en 1793 en Württemberg, Alemania, vinculada con la ingestión de morcillón en mal estado. Recibió su denominación actual en 1870, al descubrir su relación con la ingesta de embutidos (latín: botulus)

Hoy se reconocen dos formas fisiopatogenicas de botulismo:

  • Intoxicación por alimentos (producción de toxina en el alimento)
  • Toxiinfección (colonización y producción de toxina in situ)
  • Toxemia intestinal en el lactante.
  • En heridas.

 

¿Quién y cómo se produce?

El botulismo es una intoxicación causada por la bacteria Clostridium botulinum, un bacilo esporulado, anaerobio estricto, que produce bajo determinadas condiciones, la toxina botulínica, neurotoxina responsable final de la enfermedad, tanto en humanos, como  animales.

Las esporas de Clostridium botulinum, se encuentra universalmente diseminadas en suelos vírgenes o cultivados, que lo convierte en un reservorio inagotable de contaminación, hasta que encuentran condiciones adecuadas para su desarrollo, tales como: temperatura, pH, anaerobiosis y nutrientes, entre otras.

La toxina botulínica “es el veneno neuroparalizante más poderoso que se conoce”

La sintomatología de la enfermedad no es debida a la acción del bacilo, sino a su toxina, que es muy soluble y fácilmente absorbida a nivel del tracto gastrointestinal, aunque también puede ingresar al organismo a través de heridas en la piel.

En niños de recién nacidos hasta los nueve meses de edad, se ha comprobado la producción de toxina dentro del tubo digestivo luego de haber ingerido las esporas. Esta neurotoxina, cuando se libera, se fija a nivel pre-sináptico de las placas mioneurales, y bloquea la normal liberación de la acetilcolina, situación que conduce a una típica parálisis muscular aguda, fláccida, simétrica y descendente, que es seguida de muerte por insuficiencia y paro respiratorio, si no media tratamiento médico oportuno.

Botulismo Alimentario

El mecanismo de intoxicación más frecuente es a través del consumo de conservas caseras, mal esterilizadas o ingeridas sin cocción previa.

Las condiciones que favorecen el desarrollo de la toxina botulínica en estos preparados es:

  • Que previamente los alimentos a preparar, estén contaminados con esporas.
  • Que el pH sea superior a 5 -alcalino-
  • Que el medio de conservación se mantenga húmedo (> 94%)
  • Que la temperatura de conservación sean mayor a 4 grados centígrados.
  • Que las conservas no sean calentadas en forma previa a su ingestión, ya que la toxina es destruida a los 80º C.

En nuestro país los alimentos que han sido la mayoría de las veces responsables de causar la intoxicación son: chauchas, pimiento morrón, espinacas, palmitos, berenjenas y espárragos; con menos frecuencia se describen los alimentos de origen animal: queso, pescados, mariscos, ciervo, vizcacha.

Una vez que el alimento contaminado se ingiere, luego de transcurrir 12 a 36 horas, (excepcionalmente puede ser de 4 horas a 10 días), situación que varía según la cantidad de toxina ingerida y absorbida. La mitad de los casos comienza con náuseas, vómitos, cólicos y a veces diarrea, a la que rápidamente le sigue la típica constipación, acompañada de signos neurológicos caracterizados por: cefaleas, vértigos, pesadez de los párpados (ptosis palpebral), estrabismo (desviación de uno de los ojos de su dirección normal) , diplopía (visión doble), visión borrosa (por parálisis del músculo ciliar que dificulta la acomodación), midriasis, reflejo fotomotor abolido (rigidez pupilar), disfonía o afonía, disfagia, disartria, disminución de los reflejos nauseoso y tusígeno, adinamia y astenia, que acompaña al enfermo durante toda la evolución de la enfermedad. A nivel respiratorio aparece disnea (sensación de falta de aire) y signos de insuficiencia respiratoria precoces. En las formas graves son afectados los músculos respiratorios, (intercostales, diafragma y respiratorios accesorios) y puede tomar la raíz de los miembros. También se observa sequedad de boca, fauces, ojos y piel, taquicardia, hipertensión arterial y arritmias por bloqueo vagal. Los intoxicados permanecen lúcidos y afebriles.

La causa de muerte se produce por parálisis respiratoria bulbar y/o complicaciones infecciosas.

La recuperación es lenta (semanas a meses); retrogradando los síntomas en forma inversa a la aparición, siendo lo último en desaparecer son las oftalmoplejías. En la mayoría de los casos no quedan secuelas.

 

Botulismo del Lactante

Enfermedad reportada por primera vez en 1976 en EE.UU. y en 1982 en Argentina, más precisamente en Mendoza. Es hoy la forma clínica de botulismo más frecuente conocida, que se produce por la ingesta inadvertida de esporas que se incorporan al organismo mediante el uso de chupete u otros objetos contaminados con polvo ambiente, que pueden resultar útiles como vehículo para el bacilo Clostridium Botulinum. Microorganismo que una vez ingerido, por lactantes menores de un año, (fundamentalmente entre las 2 a 24 semanas de vida), coloniza el tubo digestivo del lactante, donde desarrolla y libera la poderosa toxina, que pasa a sangre y ataca el sistema nervioso, a nivel de las sinapsis colinérgicas periféricas, lugar donde se fija, bloqueando la liberación de la acetilcolina, que conduce al desarrollo de una parálisis simétrica, descendente e hipotónica.

Algunos de los síntomas de botulismo del lactante son:

  • Constipación (3 o más días sin defecación),
  • Hipotonía con llanto débil y pérdida de fuerza al succionar.
  • Reflejo fotomotor lento.
  • Dificultad para tragar (disfagia).
  • Falta de expresión en el rostro.
  • Debilidad muscular, parálisis flácida simétrica, (muñeco de trapo)
  • Ocasionalmente, falla respiratoria.

La recuperación del bloqueo neuromuscular por lo general puede llevar de 2 a 3 semanas, pudiendo extenderse hasta los 6 o 9 meses

El niño enfermo debe recibir atención médica inmediata

Prevención del botulismo alimentario

Precaución para elaboración de conservas:

El Clostridium botulinum puede desarrollar y formar toxina en:

  • Conservas domésticas no envasadas que se preparen para consumir en días subsiguientes.
  • Conservas domésticas, envasadas, que se preparan para consumo en los meses siguientes.

Precaución para la elaboración de conservas domésticas no envasadas

  1. Elegir productos frescos de buena calidad;
  2. Higienizar perfectamente los vegetales lavando repetidamente con abundante agua hasta arrastrar todo tipo de polvo antes de utilizarlo en la preparación;
  3. Preparar siempre que sea posible cantidad de alimentos para una sola comida, en especial cuando no se tiene congelador con temperatura a -20º C (freezer);
  4. No colocar alimentos a 4º C (parte general de la heladera) en recipientes con cierre hermético que existen en el comercio, (estos envases fueron diseñados para conservar alimentos en el «freezer», cuya temperatura es de -20º C);
  5. Enfriar rápidamente los restos de comida de los alimentos cocidos que se deseen ingerir fríos y todos aquellos que requieran una esfera más o menos prolongada hasta su ingestión. Para ello podrá sumergirse el recipiente que los contenga en agua fría que será renovada todas las veces que sea necesaria hasta lograr la temperatura ambiental. Llevar de inmediato al refrigerador;
  6. Mantener carnes y verduras cocidas, como también otros productos a temperaturas que no sobrepase los 2 a 6º C y los pescados y mariscos crudos o cocidos a temperatura inferior a 2 grados centígrados durante 48 horas como máximo;
  7. Volver a calentar, siempre que resulte factible los alimentos inmediatamente antes de su ingestión.

 Precaución para la elaboración de conservas domésticas envasadas

  1. Evitar la preparación de conservas domésticas envasadas. Si no se poseen los conocimientos y los elementos necesarios como para realizarlos con esterilización útil. Esta recomendación se basa en que generalmente una vez envasados los productos se esterilizan a temperatura de ebullición 100º C. Esta temperatura no es suficiente para destruir los esporos de las bacterias. Tener en cuenta que para destruir las esporas, se requieren temperaturas de esterilización de 121ºC durante 20 minutos, por lo que éstas pueden sobrevivir en alimentos calentados, que dejados en condiciones a las que resulte factible el desarrollo pueden ser la causa de intoxicación por la formación de toxina;
  2. Se recomienda no comer los productos directamente del envase aún cuando no presente signos de descomposición. Se aconseja someter a los alimentos a una temperatura de 100º C durante 20 minutos a fin de destruir la toxina que es termolábil, antes de su ingestión. Este procedimiento es aconsejable repetirlo cada vez que se ingiere alimento de ese envase;
  3. Descartar todo alimento sospechoso, teniendo en cuenta las siguientes modificaciones que indican alteración:
  • cambios en el color y/o la consistencia
  • olor desagradable o no característico del producto
  • turbiedad del líquido no habitual en ese tipo de producto
  • pérdida de la acidez (cambio de pH)
  • lata hinchada (en estos casos no abrir la lata)
  • expulsión de gas al abrir los recipientes
  • sabor anormal

Se señala especialmente la necesidad de abstenerse de probar alimentos que presenten cualquier signo de alteración, los que deberán ser eliminados sin reparo. Si se tratase solamente de una sospecha, someterlo al calentamiento indicado antes de efectuar la prueba de degustación.

  • Si prepara o piensa preparar conservas caseras, busque asesoramiento en la delegación INTA más próxima a su hogar o en la Facultad de Ciencias Agrarias.
  • Ante los síntomas descritos consulte precozmente a un Centro Asistencial Médico o solicite Información y asesoramiento al Centro de Intoxicaciones.
  • El único tratamiento efectivo es la administración precoz de la antitoxina, en un Centro Hospitalario, donde se aplicaran además: medidas generales de sostén, Asistencia Respiratoria Mecánica (ARM), purgantes y enemas, etc.
  • Ante una intoxicación procure conservar restos de los alimentos ingeridos, sangre y heces, de las víctimas para intentar localizar el agente causal.

Prevención del botulismo del lactante

Se recomienda que siempre que sea posible, los bebés deben ser alimentados con leche materna en forma exclusiva hasta los seis meses de edad, y luego según criterio del pediatra, se irán incorporando paulatinamente otros alimentos.

Una de las principales medias es no permitir que los niños menores de un año consuman o prueben miel o infusiones de hierbas medicinales que se le suministran a lactantes, principalmente de hierbas comercializadas “a granel”. Donde el problema no es el alimento, sino las esporas que puedan estarlo contaminándolo, aún en porciones reducidas.

Es fundamental, promover y reforzar las medidas de higiene domiciliaria, con el uso de paños o trapos húmedos, no plumero o escoba, a fin de minimizar la contaminación con tierra o polvo en las superficies del ambiente donde este el menor, especialmente si vive en zonas áridas y ventosas, con bajas precipitaciones y humedad.

 

 

http://www.salud.mendoza.gov.ar/biblioteca/guia-botulismo-alimentario/

 

http://www.salud.mendoza.gov.ar/biblioteca/guia-botulismo-del-lactante/

 

 

Autor:  Prof. Mg. Aldo Sergio Saracco, médico toxicólogo

Experto Universitario y Máster en Toxicología, Univ. de Sevilla.

Titular Cátedra Toxicología, FCM – UM.

Jefe Departamento Toxicología, Ministerio Salud – Mendoza

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